Archive for June, 2008
Se trata de uno de los coliseos taurinos más bellos y antiguos de cuantos hay en España, Francia, Portugal e Hispanoamérica, que viene a constatar la enorme afición a los toros que, desde tiempos remotos, arraigó en esta regia población Madrileña. Con sus más de 200 años es una de las pocas plazas de toros que quedan en pie del siglo XVIII, compartiendo esta singularidad con construcciones tan notables como la Maestranza de Sevilla o la de Ronda.
A mediados del siglo XVIII, cuando comenzaban a construirse las primeras plazas de toros permanentes, los vecinos de Aranjuez se adelantaron a casi todas las capitales de provincia y levantaron su primer coliseo taurino estable. Las obras, iniciadas en 1760, concluyeron en 1761, año en el que se inauguró esta primera plaza, cuya vida habría de ser muy breve, ya que no llegó a alcanzar el siglo siguiente.
En 1796, Carlos IV mandó construir la nueva plaza sobre la anterior.
Inaugurada el 14 de mayo de 1797, fue construida a imagen y semejanza (aunque en proporciones más reducidas) a la plaza de toros con que, a la sazón, contaba la capital de España, coso ubicado entonces junto a la Puerta de Alcalá. Es de planta circular, a excepción de un saliente rectangular que da cabida a los corrales.
Se encuentra emplazada en la prolongación de las calles Capitán y Almíbar, y en la actualidad, presenta un aforo capaz de dar albergue a algo más de nueve mil quinientas personas.
A finales del siglo XVIII y, sobre todo, a comienzos del siglo XIX, gracias a la enorme afición taurina de que hacía gala el rey Fernando VII, el coso de Aranjuez se convirtió en uno de los más destacados del planeta de los toros, por la importancia de los toreros y las ganaderías que se anunciaban en sus carteles.
Pero en 1809 fue destruido por un voraz incendio, y no fue levantado de nuevo hasta diez años después.
En efecto, en 1829, por orden del mencionado Fernando VII, el Real Patrimonio reconstruyó por completo este coliseo y cedió su propiedad al Ayuntamiento de Aranjuez, que a partir de entonces se hizo cargo de la gerencia y la conservación del edificio.
El día 30 de mayo de todos los años, festividad de San Fernando, en esta plaza se celebra un importante festejo taurino, que suele contar con las principales figuras del momento y con el ganado bravo que está en mejores condiciones. Tan señalada es esta corrida que en la plaza de toros Monumental las Ventas (Madrid), donde por esas fechas aún se celebra el ciclo de festejos de la Feria de San Isidro, se programa para dicho día 30 un espectáculo menor (generalmente una novillada), para que los muchos aficionados de la Corte que gusten de desplazarse a Aranjuez no se pierdan una corrida de toros de su abono isidril.
Además, Aranjuez celebra su propia feria taurina en el mes de septiembre, coincidiendo con las fiestas que conmemoran el famoso Motín en el que todo el pueblo asaltó el palacio de Godoy; para dar mayor realce histórico a esta conmemoración, se incluye en el programa una corrida Goyesca, que, a la singularidad característica de todas las de su género, añade la particularidad de que el público asistente suele haberse ataviado a la usanza de finales del siglo XVIII. (Fuente: Aranjuez.es)
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Ocupan el lateral occidental de la plaza de la Mariblanca a la que abren sus bellos soportales. Su función era la del mantenimiento y administración del Real Sitio y alojamientos del séquito, especiales en época de jornadas Reales.
Ambas construcciones aparecen unificadas hacia la Plaza de San Antonio, aunque responde a distintos momentos. La Casa de Oficios fue proyectada por Juan de Herrera (1854), prolongándose su construcción durante el siglo XVII. Estas fases no concluyen hasta el siglo XVIII, periodo en el que da fin a la Casa de Caballeros (1767), sobre los planos de Gómez de Mora (siglo XVIII), bajo la dirección de Santiago Bonavia y sus sucesores Marquet y Serrano.
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El Palacio Real de Aranjuez es una de las residencias del Rey de España, situada en el Real Sitio y Villa de Aranjuez (Comunidad de Madrid), que es gestionada y mantenida por Patrimonio Nacional. Está situado a orillas del río Tajo.
Fue erigido por orden de Felipe II de España, quien le encomendó el proyecto al arquitecto Juan Bautista de Toledo, que murió durante su construcción, por lo que su discípulo Juan de Herrera fue el encargado de rematar la obra. En tiempos de Fernando VI se acomete una importante ampliación, que continuará Carlos III dotándolo de unas alas que encierran el patio de armas, tal y como se puede contemplar hoy en día. Un palacio menor, la llamada Casa del Labrador, se sitúa fuera del recinto, formando parte del Jardín del Príncipe.
Los inmensos Jardines, construidos para ensalzar la residencia real de la árida y seca meseta del centro de España, y regados con las aguas de los ríos Tajo y Jarama, son los más importantes del periodo de los Habsburgo en España. Alcanzaron singular renombre gracias al Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, considerada la composición musical española más escuchada en el mundo. En 2001 este entorno fue declarado «Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad» por la UNESCO.
Del Palacio destacan la Sala China o Gabinete de Porcelana, así como la Sala de los Espejos.
En el plano histórico, el 25 de septiembre de 1808, en una ceremonia celebrada en la Capilla del Real Palacio de Aranjuez ante monseñor don Juan de la Vera, arzobispo de Laodicea, se constituyó oficialmente la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino.[1] La Junta Central quedó formada por los diputados procedentes de las Juntas Supremas de las capitales de los antiguos reinos,[2] tal como quedó decidido en la reunión llevada a cabo el día anterior en la posada en la que se hospedaba el conde de Floridablanca, a la postre, presidente de la tratada Junta. (Fuente Wikipedia)
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Obra del arquitecto Enrique Sánchez Sedeño, realizada por iniciativa municipal. Esta obra, introduce el vocabulario formal de un nuevo material como el hierro, e interpreta el uso del ladrillo y piedra (de Colmenar) tan característicos de la arquitectura de Aranjuez, y siguiendo una tradición hispana.
Pero en igual medida mantiene la continuidad modular y volumétrica del conjunto urbano del siglo XVIII, sometiéndose a su escala. Los cajones del mercado, dispuestos perimetralmente, definen un espacio abierto al interior.
La deificación del mercado de abastos a finales del siglo XIX (1892-1895) y recientemente restaurado termina de conformar la Plaza de la Constitución, con un último elemento, la escultura de Alfonso XII que centra la plaza, espacio público plenamente decimonónico tanto en su tipología arquitecta, como en su denominación y uso.
Es el primer edificio de promoción y titularidad municipal. Atiende a una demanda comercial, derivada de la tradición agrícola y la ubicación de Aranjuez como cabeza de comarca.
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Proyectada por los arquitectos Isidro González Velázquez y Santiago Bonavia en el siglo XVIII, tiene su origen en un oratorio que Felipe IV mandó habilitar como provisional debido a la poca capacidad de la Capilla Real que solo tenía dos altares. Fue también utilizada como cuartel por las tropas napoleónicas.
Se integra en la formación de la plaza de San Antonio, centro neurálgico de Aranjuez y conocida tradicionalmente como la plaza de la Mariblanca, primera de las iniciativas de la expansión urbana del Real Sitio. Se concibió como capilla real, ocupando el punto de fuga de la plaza y asimilándose a un sistema de arquerías que articulan el gran espacio, mediante un juego de curvas y contra curvas.
Se encuadra en un urbanismo cortesano donde la influencia italiana es patente, debido en gran parte al autor del proyecto. A esta influencia responde su concepto de planta circular centralizada, subrayada por la cúpula.
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Junto a la fachada este del Palacio Real, se alza el Jardín del Parterre, mandado construir por Felipe V al jardinero francés Esteban Boutelou en 1727 y plantado en 1746. En su lado norte da a parar al río Tajo, mientras que por su lado oriental y meridional, desde el Puente Barcas hasta los arcos de Palacio, está flanqueado por un foso de cantería y una barandilla de hierro con jarrones de flores sobre pedestales, creados en 1762 por orden de Carlos III. La entrada principal al jardín se realiza a través de dos garitas de cantería. (Fuente: Wikipedia)
Aparte de las numerosas flores y árboles de toda clase del jardín, destacan sus tres fuentes: la de Hércules y Anteo, la de Ceres (situada anteriormente en el Jardín del Príncipe) y la de las Nereidas.
- Fuente de Hércules y Anteo
La Fuente de Hércules y Anteo, la más espectacular del jardín, fue mandada construir al arquitecto Isidro González Velázquez y al escultor Juan Adán por Fernando VII en 1827. Su emplazamiento original estaba previsto en la zona trasera de la Casa del Labrador, en el Jardín del Príncipe, aunque finalmente se situó en el Parterre. Sobre el pilar central se encuentran las estatuas de Hércules, agarrando con su fuertes brazos y levantando del suelo a Anteo. En la base del pilar, hay un nicho que representa Hércules niño luchando con una serpiente, así como a una pitón vencida. Hay también diversos trofeos de caza como muestra del poder del héroe mitológico en sus Doce Trabajos: un ciervo, un toro, un león y varias serpientes.
En los extremos de la fuente, que es ovalada, encontramos dos columnas con las palabras Avila y Calpe, así como con la leyenda Non plus ultra. Por último, el borde del estanque está adornado con diversos jarrones con flores, realizados en plomo y pintados de color mármol. Esta fuente se encuentra edificada sobre la anterior Fuente del Tajo, en la que el río estaba representado por un anciano sentado sobre un haz de cardos, que sujetaba una serpiente.
En el extremo occidental del Jardín del Parterre, en una pequeña plazoleta cuadrada de la cara sur del Palacio Real, se encuentra el Jardín de las Estatuas, por los 14 bustos de mármol de emperadores romanos, reyes de España y personajes de la Antigüedad, colocados sobre otros tantos nichos en la pared. También es llamado Jardín del Rey, por Felipe II, que lo mandó construir. El propio rey tiene aquí un busto de tamaño natural, armado de cota y malla. Los medallones de Carlos I e Isabel de Portugal, que antaño rodeaban la estatua de su hijo, fueron llevadas finalmente al Museo del Prado en 1869, donde siguen actualmente. Las estatuas son de la época de Felipe IV. (Fuente: Wikipedia)
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